La Disolución de los Sans-Culottes: Cuando la Revolución devora a sus hijos
Los Sans-Culottes emergieron como una fuerza política y social determinante durante la Revolución Francesa. El término, que literalmente significa “sin calzones”, hacía referencia a quienes no vestían los elegantes culottes (calzones hasta la rodilla) característicos de la nobleza, sino pantalones largos y sencillos propios de las clases trabajadoras. Esta denominación inicialmente despectiva fue adoptada con orgullo por los miembros de este movimiento popular.
¿Sabías que el término “Sans-Culottes” comenzó siendo un insulto de la aristocracia? Cuando los revolucionarios lo adoptaron como bandera, estaban haciendo algo similar a lo que ocurrió siglos después con términos como “queer” o “punk” – transformar un insulto en una identidad política. La ropa siempre ha sido un poderoso símbolo político, desde los pantalones de los Sans-Culottes hasta las camisetas del Che Guevara.
Conformados principalmente por artesanos, pequeños comerciantes, obreros y otros miembros de las clases populares urbanas, los Sans-Culottes constituían un grupo heterogéneo unido por su oposición al Antiguo Régimen y su compromiso con los ideales revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad. Aunque carecían de una estructura formal, compartían una visión política que exigía democracia directa, precios justos para los productos básicos y la eliminación de los privilegios de la aristocracia.
El auge político de los Sans-Culottes
La toma de la Bastilla y las jornadas revolucionarias
La participación de los Sans-Culottes fue crucial en los momentos clave de la Revolución. Su presencia masiva y combativa resultó determinante durante la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, considerada el inicio simbólico de la Revolución Francesa. Posteriormente, protagonizaron las jornadas del 10 de agosto de 1792, que culminaron con el asalto al Palacio de las Tullerías y la caída definitiva de la monarquía francesa.
Lo curioso es que muchos historiadores debaten si los Sans-Culottes realmente existieron como un grupo coherente o si fueron más bien una construcción narrativa posterior. La historia tiende a simplificar movimientos complejos asignándoles nombres y características uniformes. Algo similar ocurrió con los “hippies” en los 60 – una etiqueta que agrupaba a personas con ideas y objetivos bastante diversos bajo una misma denominación. Siempre es más fácil contar historias con protagonistas bien definidos, aunque la realidad suele ser mucho más complicada.
Durante el periodo de 1792 a 1794, los Sans-Culottes alcanzaron su máxima influencia política. Organizados en secciones y sociedades populares, ejercieron presión constante sobre la Convención Nacional (la asamblea constituyente revolucionaria) para implementar medidas radicales. Su capacidad de movilización en las calles de París les otorgó un poder significativo, siendo capaces de influir directamente en decisiones políticas fundamentales.
Alianza con los jacobinos y el Terror revolucionario
En este contexto de radicalización, los Sans-Culottes establecieron una alianza estratégica con la facción jacobina liderada por Maximilien Robespierre. Esta colaboración resultó fundamental para instaurar el llamado “Gobierno Revolucionario” y el periodo conocido como el Terror (1793-1794). Los Sans-Culottes proporcionaron el apoyo popular necesario para las políticas jacobinas, incluyendo:
- La instauración del Tribunal Revolucionario
- La aprobación de la Ley de Sospechosos
- La implementación de la Ley del Máximo, que establecía precios fijos para artículos de primera necesidad
- La persecución de los “enemigos de la Revolución”
Aquí tenemos una de las grandes ironías históricas: los Sans-Culottes, que luchaban contra la opresión, terminaron apoyando un régimen terrorista que ejecutó a miles de personas. No es la única vez que vemos este patrón. Durante la Revolución Rusa, los bolcheviques contaron con el apoyo entusiasta de trabajadores y campesinos, solo para luego establecer un régimen que acabaría oprimiéndolos. O pensemos en cómo muchos movimientos por la libertad en el siglo XX terminaron instalando dictaduras. Parece que existe una tendencia inquietante en las revoluciones a reproducir las mismas estructuras de poder que pretendían derribar.
Como señala el historiador François Furet, esta alianza no estaba exenta de tensiones: “La colaboración entre los jacobinos y los Sans-Culottes fue siempre complicada, ya que mientras los primeros buscaban un nuevo orden institucional, los segundos aspiraban a una democracia directa permanente”.
La disolución de los Sans-Culottes
El distanciamiento con los jacobinos
A principios de 1794, comenzaron a surgir importantes diferencias entre los jacobinos y los Sans-Culottes. Mientras estos últimos seguían presionando por medidas más radicales, especialmente en el ámbito económico, el Comité de Salvación Pública liderado por Robespierre empezó a considerar que el movimiento popular se había convertido en un obstáculo para la estabilización de la República.
Lo que ocurrió con los Sans-Culottes es un clásico caso de “te necesitamos para tomar el poder, pero después eres prescindible”. En prácticamente todas las revoluciones de la historia moderna vemos el mismo patrón: la élite revolucionaria utiliza el fervor popular para derrocar al sistema existente, pero una vez en el poder, las masas se vuelven incómodas. Pasó con los Sans-Culottes en Francia, con Kronstadt en Rusia, con el Movimiento 26 de Julio en Cuba… Las revoluciones parecen seguir un guion en el que el pueblo siempre acaba siendo el convidado de piedra.
Robespierre, temeroso de que el radicalismo popular pudiera desestabilizar la República, comenzó a tomar medidas para controlar y eventualmente desarmar a los Sans-Culottes. La elite jacobina veía con preocupación la creciente autonomía de las secciones populares de París y su potencial para desafiar la autoridad central.
La represión de los enragés y los hebertistas
El primer paso hacia la disolución de los Sans-Culottes fue la represión de sus facciones más radicales. En septiembre de 1793, los líderes del movimiento de los enragés (enfurecidos), como Jacques Roux y Claire Lacombe, fueron arrestados. Estos activistas radicales habían criticado a la Convención por no implementar medidas económicas más favorables para las clases populares.
Posteriormente, en marzo de 1794, los seguidores de Jacques Hébert, conocidos como hebertistas y muy populares entre los Sans-Culottes, fueron acusados de traición y guillotinados. Hébert, a través de su periódico Le Père Duchesne, había sido una voz influyente entre las masas populares y su eliminación representó un golpe significativo para el movimiento.
Es fascinante cómo los revolucionarios más radicales fueron los primeros en caer. Jacques Roux había acuñado el concepto de “la libertad es un fantasma vacío cuando una clase de hombres puede matar de hambre a otra con impunidad” – prácticamente el primer manifiesto comunista, décadas antes de Marx. Pero esta visión era demasiado radical incluso para Robespierre. Parece que hay un punto en toda revolución en que los idealistas puros se vuelven incómodos para los pragmáticos del poder. Pienso en Trotsky vs Stalin, o en los veteranos revolucionarios eliminados durante la Revolución Cultural china. Los que realmente creen en la revolución permanente siempre acaban perdiendo frente a los que saben cuándo es momento de consolidar el poder.
La Ley del 22 de Prairial y el fin de la influencia popular
La disolución de los Sans-Culottes se aceleró con la aprobación de la Ley del 22 de Prairial (10 de junio de 1794), que reorganizó el Tribunal Revolucionario y expandió enormemente la definición de “enemigo de la Revolución”. Esta ley, paradójicamente, fue utilizada tanto contra los opositores al régimen como contra activistas populares que se consideraban demasiado radicales.
Durante este periodo, el Comité de Salvación Pública también tomó medidas para debilitar las estructuras organizativas de los Sans-Culottes:
- Se limitaron las reuniones de las secciones a dos por semana
- Se prohibieron las asambleas permanentes
- Se restringió la autonomía de las sociedades populares
- Se centralizó el control de la Guardia Nacional, reduciendo la influencia local
¿Notas el patrón? Primero: “El pueblo es soberano, debe participar activamente en la política”. Después: “Bueno, pero no pueden reunirse más de dos veces por semana, y bajo supervisión”. Los revolucionarios que tanto hablaban de soberanía popular fueron los mismos que restringieron la participación ciudadana cuando esta se volvió inconveniente. Me recuerda a tantos movimientos que piden participación masiva para llegar al poder y luego institucionalizan formas de limitarla. Incluso hoy vemos cómo muchos gobiernos hablan de “democracia participativa” mientras imponen regulaciones cada vez más estrictas sobre manifestaciones y protestas.
El golpe final: Termidor y la reacción conservadora
La caída de Robespierre y el fin del Terror
El golpe de Termidor (27 de julio de 1794), que provocó la caída y ejecución de Robespierre y sus aliados más cercanos, marcó el inicio de una reacción conservadora que completaría la disolución de los Sans-Culottes. Aunque los termidorianos se habían opuesto a Robespierre, compartían con él el deseo de controlar y eventualmente desmantelar el movimiento popular que había sido fundamental durante los años anteriores.
La ironía suprema: Robespierre, quien había comenzado a desmantelar el poder de los Sans-Culottes, fue víctima de un golpe que aceleraría ese mismo proceso. Envió a la guillotina a los hebertistas por ser demasiado radicales, solo para terminar él mismo en la guillotina poco después. Como dijo Danton antes de ser ejecutado: “La revolución es como Saturno, devora a sus propios hijos”. Y vaya si tenía razón. Resulta casi poético que el instrumento elegido para la revolución fuera la guillotina, una máquina diseñada para cortar limpiamente. Las revoluciones rara vez son tan quirúrgicas; suelen ser más bien como un cáncer que consume todo a su paso, incluidos sus propios tejidos.
La represión de la insurrección de Prairial
La última gran movilización de los Sans-Culottes tuvo lugar durante la insurrección de Prairial (20-23 de mayo de 1795). Motivados por la hambruna y el deterioro de las condiciones económicas, los habitantes de los barrios populares de París se levantaron bajo el lema “Pan y la Constitución de 1793”. Esta constitución, nunca implementada, había sido redactada con fuerte influencia de los Sans-Culottes y contemplaba medidas económicas y políticas favorables a las clases populares.
La respuesta del gobierno termidoriano fue contundente: la insurrección fue aplastada militarmente, sus líderes ejecutados y miles de activistas arrestados. Tras esta derrota, el movimiento de los Sans-Culottes quedó efectivamente desarticulado.
Esta insurrección del hambre nos recuerda que, al final, la gente común se moviliza por necesidades básicas: pan, trabajo, dignidad. Los grandes ideales revolucionarios importan, pero cuando tu familia pasa hambre, la abstracción de “libertad, igualdad, fraternidad” se vuelve secundaria. Lo mismo vimos en la Revolución Rusa con el lema “paz, pan y tierra”, o en las protestas árabes de 2011 que comenzaron por el precio del pan. Los políticos revolucionarios a menudo olvidan que la gente no puede comer ideología. Curiosamente, los Sans-Culottes terminaron peor económicamente después de la revolución que antes, un patrón que se ha repetido en muchas revoluciones posteriores.
La Constitución de 1795 y la consolidación del poder burgués
La nueva Constitución del Año III (1795) marcó el golpe final para las aspiraciones políticas de los Sans-Culottes. Esta constitución:
- Restableció el sufragio censitario, eliminando el sufragio universal masculino
- Creó un sistema bicameral que favorecía a los propietarios
- Protegió explícitamente la propiedad privada
- Eliminó las referencias a los derechos sociales presentes en la Constitución de 1793
Como explica la historiadora Alice Ramazeilles, “con la eliminación de los Sans-Culottes, la revolución completó su transformación de un movimiento popular en un sistema que principalmente beneficiaba a la burguesía y a los propietarios”.
Y ahí lo tenemos: el gran giro conservador. La Revolución Francesa empezó como un movimiento por la igualdad y terminó consolidando el poder de los ricos. El sistema electoral que implementaron hacía que tu voto valiera en función de cuántos impuestos pagabas – básicamente, cuanto más rico, más poder político. ¿Les suena familiar? Muchas revoluciones modernas han seguido este mismo patrón: comienzan con ideales igualitarios y terminan estableciendo nuevas jerarquías. La Revolución Rusa acabó creando la nomenklatura soviética, la Revolución China dio paso a una élite del Partido… Parece que las revoluciones son excelentes para cambiar quién está en el poder, pero no tanto para eliminar las desigualdades de poder en sí.
Legado y significado histórico
La disolución de los Sans-Culottes representa uno de los ejemplos más claros de cómo las revoluciones tienden a devorar a sus propios hijos. Tras ser instrumentales en el derrocamiento del Antiguo Régimen y la instauración de la República, los Sans-Culottes fueron sistemáticamente marginados y reprimidos cuando su radicalismo se volvió inconveniente para los nuevos detentores del poder.
Este proceso ilustra una de las contradicciones fundamentales de la Revolución Francesa: aunque proclamaba representar al pueblo en su conjunto, terminó favoreciendo principalmente los intereses de la burguesía. Los ideales de democracia directa y justicia social defendidos por los Sans-Culottes quedaron relegados en favor de un sistema que privilegiaba a los propietarios y comerciantes.
La gran lección que podemos extraer de la disolución de los Sans-Culottes es que no basta con derribar un sistema injusto; lo verdaderamente difícil es construir uno mejor. Es la diferencia entre revolución y evolución. Las revoluciones suelen ser dramáticas, violentas y rápidas, pero a menudo acaban recreando estructuras de poder similares a las que derrocaron. La verdadera transformación social requiere tiempo, paciencia y compromiso constante con los valores que se proclaman. Como dijo una vez el filósofo Slavoj Žižek: “Es fácil imaginar el fin del mundo, pero es imposible imaginar el fin del capitalismo”. Igual de difícil fue para los revolucionarios franceses imaginar un sistema genuinamente igualitario. La imaginación política tiene sus límites, y esos límites son a menudo nuestro mayor obstáculo.
Sin embargo, el legado de los Sans-Culottes perduró como una referencia para movimientos populares posteriores. Sus demandas de participación política directa, control popular sobre los precios y distribución equitativa de recursos resonaron en numerosos movimientos sociales de los siglos XIX y XX, desde el socialismo temprano hasta diversas revoluciones populares.
Conclusión: las paradojas de la revolución
La historia de la disolución de los Sans-Culottes nos revela una de las paradojas fundamentales de los procesos revolucionarios: cómo movimientos que comienzan exigiendo mayor participación popular terminan restringiéndola cuando esa misma participación amenaza los intereses de las nuevas élites revolucionarias.
Este patrón, que se repetiría en numerosas revoluciones posteriores, plantea interrogantes profundos sobre la naturaleza del poder político y las dificultades para construir sistemas verdaderamente democráticos. La tensión entre la movilización popular necesaria para derrocar sistemas opresivos y el deseo de estabilidad y control por parte de los nuevos gobernantes sigue siendo uno de los dilemas centrales de cualquier proceso de transformación política radical.
Como demuestra la disolución de los Sans-Culottes, las revoluciones rara vez cumplen plenamente las expectativas de quienes las impulsan desde abajo. Los mismos mecanismos que permiten a un grupo tomar el poder suelen ser utilizados posteriormente para consolidarlo y protegerlo de nuevos desafíos, incluso cuando estos provienen de quienes fueron sus aliados iniciales.
La Revolución Francesa, con todas sus contradicciones, sigue siendo un laboratorio histórico fundamental para comprender estos procesos y extraer lecciones aplicables a los movimientos sociales y políticos contemporáneos.
Preguntas frecuentes sobre La Disolución de los Sans-Culottes
¿Quiénes eran exactamente los Sans-Culottes?
Los Sans-Culottes eran miembros de las clases populares urbanas durante la Revolución Francesa, principalmente artesanos, pequeños comerciantes, obreros y asalariados. El término se refiere a que no usaban los elegantes “culottes” (calzones hasta la rodilla) de la aristocracia, sino pantalones largos y sencillos. Representaban el ala más radical de la revolución, defendiendo la democracia directa, el control de precios y la justicia social.
¿Por qué fueron importantes los Sans-Culottes para la Revolución Francesa?
Los Sans-Culottes fueron cruciales para la Revolución Francesa porque proporcionaron la fuerza popular necesaria para momentos decisivos como la Toma de la Bastilla (1789) y el asalto a las Tullerías (1792). Su presencia masiva en las calles permitió a los jacobinos implementar medidas radicales y mantener el control durante el período del Terror. Representaban la base social sin la cual la revolución no habría podido avanzar hacia sus fases más transformadoras.
¿Cuándo y por qué comenzó la disolución de los Sans-Culottes?
La disolución de los Sans-Culottes comenzó a principios de 1794, cuando el Comité de Salvación Pública liderado por Robespierre empezó a verlos como una amenaza para la estabilidad del gobierno revolucionario. Los primeros pasos incluyeron la represión de sus facciones más radicales (los enragés y hebertistas), la restricción de sus reuniones y asambleas, y la centralización del control de la Guardia Nacional. La razón principal era que su radicalismo y su demanda de democracia directa permanente chocaban con el deseo de los líderes revolucionarios de consolidar y centralizar el poder.
¿Qué papel jugó Robespierre en la disolución de los Sans-Culottes?
Robespierre jugó un papel ambivalente en la disolución de los Sans-Culottes. Por un lado, se apoyó en ellos para implementar el Terror y las medidas radicales de su gobierno. Por otro lado, inició su represión al ordenar la ejecución de líderes radicales populares como Hébert y sus seguidores en marzo de 1794. Aunque Robespierre compartía algunas de las preocupaciones sociales de los Sans-Culottes, temía que su radicalismo desestabilizara la República, por lo que comenzó a limitar su poder y autonomía, iniciando así el proceso de su disolución que se completaría tras su propia caída.
¿Cuál fue el último gran intento de los Sans-Culottes por recuperar su influencia?
El último gran intento de los Sans-Culottes por recuperar su influencia fue la insurrección de Prairial (20-23 de mayo de 1795). Motivados por la hambruna generalizada y el deterioro de las condiciones económicas, miles de parisinos se levantaron bajo el lema “Pan y la Constitución de 1793” (una constitución que favorecía sus intereses pero nunca había sido implementada). Esta revuelta fue brutalmente reprimida por el gobierno termidoriano, con miles de arrestos y ejecuciones que marcaron el fin definitivo del movimiento de los Sans-Culottes como fuerza política organizada.
¿Qué lecciones históricas podemos extraer de la disolución de los Sans-Culottes?
La disolución de los Sans-Culottes nos ofrece varias lecciones históricas importantes: 1) Las revoluciones tienden a “devorar a sus propios hijos”, eliminando a sus elementos más radicales cuando estos ya no son útiles para mantener el poder; 2) Existe una tensión permanente entre la movilización popular necesaria para impulsar cambios radicales y el deseo de estabilidad y control por parte de las nuevas élites revolucionarias; 3) Los ideales democráticos proclamados durante una revolución pueden ser fácilmente sacrificados en nombre de la seguridad o la eficiencia; y 4) Las transformaciones sociales profundas requieren más que un simple cambio en quienes detentan el poder político, sino un compromiso sostenido con los valores de igualdad y participación democrática.
Recomendaciones de libros
Lecturas recomendadas: Revolución, traición y poder
Para profundizar en el fascinante mundo de la Revolución Francesa y comprender mejor el destino de los Sans-Culottes, te recomendamos estas obras imprescindibles que te transportarán a uno de los períodos más convulsos y transformadores de la historia moderna.
Historia de dos ciudades – Charles Dickens Esta obra maestra de Dickens te sumerge en el París revolucionario y el Londres de finales del siglo XVIII, entrelazando las vidas de personajes atrapados en la vorágine del Terror. Con su inimitable estilo, Dickens captura la atmósfera de opresión y esperanza, crueldad y sacrificio que caracterizó a la Revolución Francesa, ofreciendo un retrato vívido de cómo las grandes transformaciones históricas afectan las vidas cotidianas. Su inolvidable comienzo “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos” resume perfectamente las contradicciones de la época revolucionaria.
El Noventa y Tres – Victor Hugo Victor Hugo, con su prodigiosa capacidad narrativa, nos transporta al año 1793, el momento álgido de la Revolución cuando los Sans-Culottes alcanzaron su mayor influencia. A través de personajes como Cimourdain, el implacable comisario republicano, y Gauvain, el aristócrata convertido en revolucionario, Hugo explora los dilemas morales y políticos de la revolución. Esta novela es especialmente valiosa para entender la complejidad ideológica del período y cómo los principios revolucionarios podían llevar a consecuencias trágicas e inesperadas.
La Revolución francesa contada para escépticos – Juán Eslava Galán Si prefieres un enfoque más divulgativo y accesible, esta obra de Eslava Galán te ofrece una visión amena pero rigurosa de la Revolución Francesa. Con su característico estilo cercano y su humor inteligente, el autor desmitifica muchos aspectos de este acontecimiento histórico, incluyendo el papel de los Sans-Culottes y su posterior represión. Ideal para quienes buscan comprender los hechos históricos sin la densidad de textos académicos, pero con toda la profundidad necesaria.
Los dioses tienen sed – Anatole France Esta novela, considerada una de las mejores sobre el Terror revolucionario, sigue a Évariste Gamelin, un joven pintor que se convierte en juez del Tribunal Revolucionario. A través de su transformación de idealista a fanático, France explora brillantemente cómo la revolución radicalizó a sus participantes y acabó devorándolos. La obra destaca por su penetrante análisis psicológico y su retrato del París de los Sans-Culottes, ofreciendo una visión inquietante sobre cómo los ideales nobles pueden derivar en violencia justificada.
La Pimpinela Escarlata – Baronesa de Orczy Para ver el otro lado de la moneda, esta clásica novela de aventuras te presenta la historia desde la perspectiva de quienes huían del Terror. Siguiendo las hazañas del misterioso héroe que rescata a aristócratas condenados, la obra ofrece una visión romántica pero fascinante del período posterior al apogeo de los Sans-Culottes. Su ritmo trepidante y sus elaboradas escenas de acción la convierten en una lectura tan entretenida como reveladora sobre las consecuencias del radicalismo revolucionario.
El Caballero De La Maison Rouge – Alexandre Dumas Maestro de la novela histórica, Dumas nos regala esta apasionante narración centrada en un intento de rescatar a María Antonieta de la prisión. Ambientada en 1793, durante el apogeo del poder de los Sans-Culottes, la novela captura magistralmente la atmósfera de sospecha y vigilancia revolucionaria. Los personajes se mueven en un París donde el fervor popular se mezcla con la represión política, ofreciendo un retrato vibrante y detallado de la vida cotidiana durante el Terror.
Los Miserables – Víctor Hugo Aunque ambientada principalmente décadas después de la Revolución, esta obra monumental de Hugo incluye personajes profundamente influenciados por el legado revolucionario. A través de figuras como el viejo Mabeuf o los jóvenes revolucionarios de 1832, Hugo muestra cómo los ideales de los Sans-Culottes pervivieron en la conciencia política francesa mucho después de su disolución. Su exploración de temas como la justicia social y la redención personal conecta directamente con las aspiraciones originales del movimiento popular revolucionario.
El collar de la reina I – Alexandre Dumas Primera parte de esta fascinante narración basada en el escándalo del collar de la reina María Antonieta, un acontecimiento que contribuyó significativamente al descrédito de la monarquía francesa antes de la Revolución. Dumas entreteje magistralmente la historia y la ficción para mostrarnos cómo este incidente socavó la autoridad real y alimentó el descontento popular que posteriormente cristalizaría en el movimiento de los Sans-Culottes. Una lectura indispensable para comprender los antecedentes del fermento revolucionario.
El collar de la reina II – Alexandre Dumas En esta segunda parte, Dumas continúa su exploración de los acontecimientos que precedieron a la Revolución, mostrándonos cómo la corrupción, la intriga y la desconexión de la realidad por parte de la nobleza prepararon el terreno para el surgimiento de movimientos populares radicales. La narración vibrante y los personajes complejos hacen de esta obra una ventana privilegiada al mundo que los Sans-Culottes intentarían transformar radicalmente.
Scaramouche – Rafael Sabatini Esta apasionante novela de aventuras nos transporta a los primeros días de la Revolución Francesa a través de la historia de André-Louis Moreau, un joven que pasa de ser abogado a actor y finalmente revolucionario. Sabatini recrea magistralmente la efervescencia política que precedió al surgimiento de los Sans-Culottes, mostrándonos cómo las ideas revolucionarias se propagaron entre diferentes clases sociales. Con sus vibrantes escenas de esgrima y su aguda percepción política, esta obra combina brillantemente el entretenimiento con la reflexión histórica.