Introducción:
Benjamin Franklin y la electricidad representan uno de los binomios más célebres de la historia científica. La imagen del político y científico estadounidense volando una cometa durante una tormenta eléctrica para demostrar que los rayos son una forma de electricidad es posiblemente una de las anécdotas científicas más populares de todos los tiempos. Sin embargo, como suele ocurrir con las grandes historias que han pasado al imaginario colectivo, existe una considerable distancia entre la leyenda y la realidad. Lo que muchos desconocen es que el experimento tal como lo imaginamos probablemente nunca ocurrió exactamente así, que Franklin no “descubrió” la electricidad, y que sus investigaciones sobre los fenómenos eléctricos formaban parte de un movimiento científico mucho más amplio en el que participaban numerosos investigadores europeos. La historia real, con sus matices, contradicciones y curiosidades, es tanto o más fascinante que la leyenda.
El polifacético genio americano
Benjamin Franklin (1706-1790) fue mucho más que un científico aficionado experimentando con electricidad. Nacido en Boston como el decimoquinto hijo de un fabricante de velas y jabones, Franklin desarrolló una insaciable sed de conocimiento que lo convirtió en una figura polifacética: impresor, editor, escritor, filósofo, inventor, político, diplomático y, por supuesto, científico experimental.
A diferencia de lo que muchos creen, Franklin no tuvo una educación formal extensa. Solo asistió a la escuela durante dos años y abandonó sus estudios a los 10 años para trabajar como aprendiz en la imprenta de su hermano. Su extraordinario conocimiento fue en gran medida autodidacta, adquirido a través de la lectura voraz y la experimentación constante. Esta es una de las grandes paradojas de su figura: uno de los intelectos más brillantes de la Ilustración americana carecía de títulos académicos formales, algo que comparte con otros grandes genios autodidactas como Thomas Edison.
Su interés por la electricidad comenzó en la década de 1740, cuando ya era un hombre maduro, exitoso en los negocios y reconocido en Filadelfia. Por entonces, la electricidad era considerada más una curiosidad que una fuerza natural seria, y los experimentos eléctricos eran a menudo exhibidos como entretenimiento en los salones aristocráticos europeos.
El estado de la ciencia eléctrica antes de Franklin
Antes de las contribuciones de Franklin, la electricidad ya había captado la atención de numerosos científicos europeos. A principios del siglo XVIII, varios investigadores habían realizado descubrimientos importantes.
Stephen Gray había demostrado en 1729 que la electricidad podía transmitirse a través de ciertos materiales. El físico francés Charles du Fay había propuesto en 1733 una teoría de dos tipos de electricidad, que denominó “vítrea” y “resinosa”. La botella de Leyden, el primer dispositivo capaz de almacenar una carga eléctrica significativa (un precursor del condensador moderno), había sido inventada en 1745 por Ewald Georg von Kleist y, de forma independiente, por Pieter van Musschenbroek.
Curiosamente, el nombre “electricidad” proviene del término griego “elektron” (ámbar), ya que los antiguos griegos habían observado que, al frotar ámbar con piel de animal, este atraía pequeños objetos. Esta observación, hecha hace más de 2.500 años, fue el primer registro documentado de fenómenos eléctricos. Franklin, por tanto, no estaba descubriendo algo completamente nuevo, sino sistematizando un conocimiento que había fascinado a la humanidad durante milenios.
Lo que distinguió a Franklin fue su enfoque sistemático y racional. Mientras muchos científicos contemporáneos se limitaban a observar y catalogar fenómenos eléctricos sin un marco teórico coherente, Franklin formuló una teoría unificada.
La teoría del fluido eléctrico único
La contribución más importante de Franklin a la comprensión de la electricidad fue su teoría del “fluido eléctrico único”. En contraposición a la teoría de los dos fluidos de Du Fay, Franklin propuso que la electricidad era un único fluido que podía estar en exceso (lo que él llamó carga positiva) o en defecto (carga negativa) en los objetos.
Los términos “positivo” y “negativo” para describir los tipos de carga eléctrica fueron acuñados por Franklin, y siguen utilizándose en la actualidad, aunque ahora sabemos que lo que realmente se mueve son electrones con carga negativa. Irónicamente, Franklin asignó incorrectamente el signo de las cargas: lo que él llamó carga positiva es realmente un déficit de electrones, y viceversa. Este error histórico ha persistido hasta nuestros días en la convención de dirección de la corriente eléctrica, que teóricamente fluye de positivo a negativo, cuando en realidad los electrones se mueven en la dirección opuesta. Es como si el legado de Franklin incluyera un pequeño “error de signo” que ha quedado permanentemente integrado en nuestra comprensión de la electricidad.
Esta teoría, publicada en 1747 en una carta a la Royal Society de Londres titulada “Experimentos y observaciones sobre la electricidad”, revolucionó la comprensión científica de la electricidad. Franklin no solo explicó los fenómenos eléctricos conocidos de manera más elegante que las teorías anteriores, sino que también hizo predicciones verificables.
El principio de conservación de la carga
Franklin también estableció el principio de conservación de la carga, afirmando que la electricidad no se crea ni se destruye, sino que simplemente se transfiere de un objeto a otro. Este principio fundamental sigue siendo válido en la física moderna.
A través de sus experimentos, demostró que la electricidad podía fluir a través de ciertos materiales (conductores) pero no a través de otros (aislantes), conceptos que serían cruciales para el posterior desarrollo de aplicaciones prácticas de la electricidad.
Franklin realizó sus experimentos sin tener un conocimiento formal de las matemáticas avanzadas, a diferencia de científicos europeos contemporáneos. Su enfoque era pragmático y visual, accesible para cualquier persona interesada. Esta característica de divulgador nato hizo que sus hallazgos tuvieran un impacto mucho mayor que si hubieran quedado confinados al ámbito académico formal. En cierto modo, Franklin fue un pionero de la divulgación científica, demostrando que la ciencia podía ser accesible sin perder rigor.
El famoso experimento de la cometa
El experimento más famoso atribuido a Franklin es, sin duda, el de la cometa durante una tormenta eléctrica, supuestamente realizado en junio de 1752. Según la versión popularizada, Franklin habría volado una cometa con una llave metálica atada a la cuerda durante una tormenta, demostrando que los rayos son electricidad cuando una chispa saltó desde la llave a su mano.
La realidad es considerablemente más compleja y menos dramática. Franklin propuso el experimento en un artículo publicado en 1752, pero no hay evidencia contemporánea de que él mismo lo realizara exactamente como se describe en la leyenda. El primer relato del supuesto experimento aparece en 1767, quince años después, escrito por Joseph Priestley basándose en conversaciones con Franklin. Además, el experimento tal como se describe habría sido extremadamente peligroso; varios científicos que intentaron replicarlo murieron electrocutados, incluyendo al profesor Georg Wilhelm Richmann en San Petersburgo.
Lo más probable es que Franklin realizara una versión más segura del experimento, utilizando la cometa para demostrar la naturaleza eléctrica de las tormentas, pero sin permitir que un rayo golpeara directamente su aparato. Habría observado cómo las fibras de la cuerda de la cometa se erizaban debido a la carga eléctrica presente en las nubes, incluso antes de que cayeran rayos.
Al parecer, lo que ha sobrevivido hasta nuestros días como una heroica y temeraria prueba científica fue en realidad un experimento mucho más cauteloso y metódico. Franklin era demasiado inteligente como para arriesgar su vida innecesariamente cuando el mismo conocimiento podía obtenerse de forma más segura. Esta discrepancia entre el mito y la realidad nos recuerda cómo la historia a menudo dramatiza los acontecimientos científicos para hacerlos más atractivos, un fenómeno que sigue ocurriendo con los grandes avances de nuestra época.
El pararrayos: una aplicación práctica
Una contribución crucial derivada de las investigaciones de Franklin fue la invención del pararrayos. Comprendiendo que los rayos eran descargas eléctricas que buscaban el camino de menor resistencia hacia la tierra, diseñó un sistema simple pero efectivo: una varilla metálica puntiaguda colocada en lo alto de los edificios, conectada mediante un cable a la tierra.
El primer pararrayos fue instalado en la casa del comerciante William West en Filadelfia en 1752, y pronto se extendió por América y Europa, salvando innumerables vidas y propiedades. Curiosamente, en Europa surgió un debate sobre si los pararrayos debían tener puntas afiladas (como proponía Franklin) o extremos redondeados.
Este debate aparentemente técnico adquirió tintes políticos durante la Revolución Americana, cuando científicos británicos como Benjamin Wilson argumentaron a favor de los terminales redondeados. El rey Jorge III ordenó que los pararrayos del palacio real tuvieran extremos romos, no puntiagudos, en parte como rechazo a las ideas del “rebelde” Franklin. La ciencia se convertía así en un campo de batalla político, algo que sigue ocurriendo en nuestros días con temas como el cambio climático o los alimentos genéticamente modificados.
La efectividad del pararrayos se demostró dramáticamente durante la Revolución Francesa, cuando la Iglesia de Saint-Omer en Francia, equipada con un pararrayos, sobrevivió ilesa mientras que la cercana iglesia de Saint-Sauveur, sin protección, fue destruida por un rayo.
Franklin y la comunidad científica internacional
A pesar de ser un “aficionado” americano en un mundo científico dominado por europeos, Franklin logró un reconocimiento internacional por sus contribuciones. Sus cartas sobre electricidad fueron publicadas por la Royal Society de Londres, que más tarde le otorgó la prestigiosa Medalla Copley en 1753 y lo nombró miembro en 1756.
La recepción de las ideas de Franklin en Europa no fue universalmente positiva. El físico francés Jean-Antoine Nollet, que había propuesto su propia teoría eléctrica, se opuso firmemente a las ideas de Franklin y se negó a aceptarlas durante años. Esta resistencia a nuevas teorías que contradicen el conocimiento establecido es un patrón recurrente en la historia de la ciencia, desde Galileo hasta Einstein. Incluso mentes brillantes pueden ser prisioneras de sus propios paradigmas.
Durante su tiempo como embajador americano en Francia (1776-1785), Franklin mantuvo contacto con los científicos europeos más destacados, incluyendo a Antoine Lavoisier, pionero de la química moderna. Esta posición única de Franklin como científico-diplomático le permitió actuar como puente entre las comunidades científicas de América y Europa.
Más allá de la electricidad: otras contribuciones científicas
Aunque es principalmente recordado por sus trabajos sobre electricidad, las contribuciones científicas de Franklin fueron mucho más amplias. Estudió fenómenos meteorológicos, confirmando que los huracanes pueden desplazarse en dirección contraria al viento local. Investigó el Golfo de México, contribuyendo al mapeo de la Corriente del Golfo.
Un aspecto menos conocido de Franklin es que fue uno de los primeros en proponer la idea del horario de verano, aunque no con ese nombre. En una carta humorística enviada a un periódico parisino en 1784, sugirió que los parisinos podrían ahorrar considerables cantidades de velas si se levantaran y acostaran más temprano, aprovechando mejor la luz natural. Esta idea, presentada inicialmente como una broma, acabaría implementándose en numerosos países siglos después, aunque actualmente está siendo reconsiderada por sus efectos sobre la salud.
Franklin también inventó las gafas bifocales, el calentador de Franklin (una estufa más eficiente), una silla mecánica para alcanzar libros en estanterías altas, y mejoras en los órganos musicales. Su mente inquieta parecía incapaz de observar un problema sin intentar resolverlo mediante la invención o la innovación.
El reconocimiento de su legado científico
Los aportes científicos de Franklin a veces quedan eclipsados por su faceta política como uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos y firmante de la Declaración de Independencia. Sin embargo, como señala National Geographic, Franklin fue considerado el primer héroe nacional de su país tanto por sus contribuciones políticas como científicas, siendo reconocido como el “Newton americano” en su tiempo. Su pragmatismo e ingenio para resolver problemas encarnaba perfectamente el espíritu americano emergente, combinando la utilidad práctica con la curiosidad intelectual.
De la observación a la experimentación metódica
El método científico que Franklin aplicó en sus investigaciones eléctricas destaca por su rigor y sistematización. Según el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, Franklin utilizó un enfoque metódico único para su época, estableciendo protocolos experimentales claros y documentando minuciosamente sus resultados. Esta aproximación a la ciencia resultaba particularmente notable considerando su formación autodidacta, y contribuyó a elevar el rigor de los experimentos eléctricos de la época, que anteriormente eran realizados principalmente como entretenimiento y con poca precisión metodológica.
La verdad detrás del mito de la cometa
La imagen popular de Franklin volando una cometa bajo la tormenta ha sido tan poderosa que ha eclipsado la verdadera naturaleza de sus experimentos. La BBC Mundo explica que la confusión entre mito y realidad comenzó poco después de la muerte de Franklin, cuando las anécdotas sobre su valentía y genialidad empezaron a exagerarse. El relato más aceptado actualmente por los historiadores sugiere que Franklin probablemente realizó una versión modificada y mucho más segura del experimento, utilizando la cometa para detectar la carga eléctrica atmosférica, pero no directamente durante una tormenta con rayos activos. Esta perspectiva más matizada no disminuye sus logros, sino que destaca su prudencia científica.
El legado eléctrico de Franklin
El trabajo de Franklin sobre la electricidad sentó las bases para los avances posteriores en este campo. Científicos como Alessandro Volta, Michael Faraday y James Clerk Maxwell se basarían en estos fundamentos para desarrollar la comprensión moderna de la electricidad y el electromagnetismo.
Es fascinante considerar que gran parte de la tecnología que define nuestra era moderna —desde los smartphones hasta Internet, pasando por los vehículos eléctricos— tiene sus raíces en aquellos primeros experimentos con cometas y botellas de Leyden. Franklin, que murió en 1790, no llegó a ver la revolución industrial completa ni los milagros tecnológicos que la electricidad haría posibles. Si pudiera visitar nuestro mundo actual, probablemente lo más sorprendente para él no serían los avances políticos o sociales, sino el omnipresente uso de la electricidad que él ayudó a comprender.
El interés de Franklin por la electricidad refleja su personalidad pragmática y curiosa. No estudiaba la naturaleza simplemente por conocimiento abstracto, sino para encontrar aplicaciones útiles. Esta combinación de curiosidad teórica y mentalidad práctica caracterizaría posteriormente a muchos inventores e innovadores americanos.
Conclusión:
El vínculo entre Benjamin Franklin y la electricidad representa mucho más que un simple hito científico; encarna la esencia de la Era de la Ilustración, cuando el conocimiento empírico comenzó a transformar radicalmente la comprensión humana del mundo natural. A través de sus meticulosos experimentos y sus agudas observaciones, Franklin no solo ayudó a desentrañar los misterios de los fenómenos eléctricos, sino que también demostró cómo el conocimiento científico podía aplicarse para resolver problemas prácticos, como la protección contra los rayos.
La historia de Franklin nos recuerda que los grandes avances científicos rara vez son obra de individuos solitarios trabajando en aislamiento. Más bien, surgen de comunidades de investigadores que comparten ideas, debaten teorías y construyen sobre el trabajo de sus predecesores y contemporáneos. Franklin tuvo el mérito de sintetizar y avanzar este conocimiento colectivo de manera significativa.
Gracias por acompañarnos en este recorrido por una de las facetas más fascinantes de la vida de Franklin. Si te ha interesado esta historia, te invitamos a explorar más artículos en nuestra página principal o a descubrir otras narrativas sobre descubrimientos científicos sorprendentes en nuestra sección dedicada.
A continuación, encontrarás algunas de las preguntas más frecuentes sobre Benjamin Franklin y sus experimentos con la electricidad, así como recomendaciones literarias para profundizar en esta fascinante figura histórica.
Preguntas Frecuentes sobre Benjamin Franklin y la Electricidad
¿Realmente Benjamin Franklin descubrió la electricidad?
No, Benjamin Franklin no descubrió la electricidad. Los fenómenos eléctricos ya eran conocidos desde la antigüedad, y varios científicos europeos como William Gilbert, Stephen Gray y Charles du Fay habían realizado importantes investigaciones sobre la electricidad antes que Franklin. Lo que Franklin hizo fue desarrollar una teoría coherente del fluido eléctrico único, establecer los conceptos de carga positiva y negativa, y demostrar que los rayos son una forma de electricidad atmosférica.
¿Realmente voló una cometa durante una tormenta eléctrica?
Existe considerable debate histórico sobre este punto. Franklin propuso el experimento de la cometa en un artículo de 1752, pero no hay evidencias contemporáneas de que él mismo lo realizara exactamente como se describe en la leyenda popular. El primer relato del supuesto experimento apareció 15 años después, escrito por Joseph Priestley basándose en conversaciones con Franklin. Es probable que Franklin realizara una versión más segura del experimento, sin permitir que un rayo impactara directamente en la cometa, lo cual habría sido extremadamente peligroso y potencialmente fatal.
¿Cuál es la mayor contribución de Franklin a la ciencia de la electricidad?
Su contribución más significativa fue su teoría unificada del “fluido eléctrico único” y el establecimiento del principio de conservación de la carga. Franklin propuso que la electricidad consistía en un solo tipo de fluido que podía estar en exceso (carga positiva) o en defecto (carga negativa) en los objetos. Esta teoría reemplazó a las anteriores que postulaban dos tipos diferentes de electricidad y permitió explicar diversos fenómenos eléctricos de manera más elegante y consistente. Además, su invención del pararrayos tuvo un impacto práctico enorme al proteger edificios y vidas.
¿Por qué el experimento de la cometa era tan peligroso?
Un rayo puede contener entre 100 millones y 1.000 millones de voltios de electricidad y hasta 30.000 amperios de corriente, suficiente para matar instantáneamente a una persona. Varios científicos que intentaron replicar versiones del experimento murieron electrocutados, incluyendo al profesor Georg Wilhelm Richmann en San Petersburgo en 1753. Si Franklin realmente realizó el experimento, probablemente tomó precauciones adicionales, como usar una cuerda de seda seca como aislante y observar las cargas eléctricas presentes en las nubes antes de que cayeran rayos.
¿Qué otros inventos o descubrimientos importantes realizó Franklin?
Además de sus contribuciones a la electricidad, Franklin inventó las gafas bifocales, el calentador de Franklin (una estufa más eficiente), una silla mecánica para alcanzar libros en estanterías altas, y la sonda armónica (un instrumento musical). También realizó importantes estudios meteorológicos, confirmando que los huracanes pueden desplazarse en dirección contraria al viento local, e investigó y mapeó la Corriente del Golfo. Como figura pública, fundó la primera biblioteca de préstamo de América, el primer departamento de bomberos de Filadelfia y la Universidad de Pensilvania.
¿Qué impacto tuvieron sus descubrimientos eléctricos en la sociedad de su época?
El impacto más inmediato y tangible fue la invención del pararrayos, que comenzó a proteger edificios en América y Europa desde la década de 1750, reduciendo significativamente los daños por rayos. En un plano más amplio, sus investigaciones ayudaron a transformar la electricidad de una curiosidad de salón a un campo serio de investigación científica. Esto sentó las bases para los desarrollos posteriores de Alessandro Volta, Michael Faraday y otros que eventualmente llevarían a la revolución eléctrica del siglo XIX, aunque Franklin no vivió para presenciarla.
RECOMENDACIONES LITERARIAS
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